Lenguaje No Verbal Miedo

¡Miedo, protégeme!

Pegar un salto de un susto, que te tiemblen las piernas o las manos, tener cara de pánico, palidez de la piel… todas ellas son señales del miedo como respuesta involuntaria ante un ataque o amenaza

Psicobiología del miedo

La mente está constantemente preparada para detectar cualquier amenaza. Es como si estuviera en un estado de vigilia pendiente de peligros al acecho. Esto nos permite reaccionar de forma automática ante estos peligros (Öhman & Mineka, 2001).

Estas señales de peligro van directamente desde el tálamo (donde el cerebro recibe la información sensorial del exterior) hasta la amígdala por una vía rápida neural, y así poder mandar órdenes para avisar al neocórtex, el cual activa el sistema nervioso y las distintas reacciones psicofisiológicas como la tensión muscular, temblores o el aceleramiento de los latidos del corazón (Goleman, 2009; LeDoux, 2000).

De hecho, la amígdala es como un pequeño disco duro: recuerda situaciones anteriores para que el cuerpo pueda reaccionar de la misma forma inconscientemente (LeDoux, 2000). Por eso, emociones como la ira y el miedo activan circuitos relacionados con el cerebro límbico emocional y provocan reacciones involuntarias inmediatas en el organismo, a diferencia de otras como la felicidad.

La implicación de ciertas zonas cerebrales típicas del miedo (Panksepp, 1990), como el área prelímpica (PL), el córtex del cíngulo anterior (CCA), el hipotálamo y la amígdala, pueden provocar los siguientes comportamientos:

  • Reacciones defensivas
  • Congelación
  • Retirada
Psicobiología del miedo

Los detonantes del miedo

En relación con las zonas y funciones cerebrales que activan el miedo, los disparadores de esta emoción son principalmente eventos que suponen un peligro o amenaza (MacDonald, Kingsbury, & Shaw, 2005). Muchas veces las situaciones desconocidas o sorpresivas también activan esta emoción. El dolor y la angustia son otros detonantes del miedo.

Una de las utilidades de identificar esta expresión facial es para detectar mentiras. Cuando alguien no quiere ser descubierto (inocente, interrogado, entrevistado, paciente…) y la persona que tiene ante sí es percibida como una amenaza (policía, juez, guarda, terapeuta…), una de las reacciones que puede mostrar es una micro expresión facial de miedo.

Evidentemente, en escenarios de riesgo como controles de seguridad o infraestructuras críticas, personas que muestran señales de miedo pueden despertar la sospecha de los operadores de seguridad ante ataques y amenazas potenciales.

Funcionalidades del miedo

La activación de la amígdala y la sobreactivación del sistema nervioso debido a un estímulo peligroso tiene un sentido evolutivo. Gracias a la activación muscular, el aumento del flujo sanguíneo y de las funciones cardiorrespiratorias, somos capaces de pensar y reaccionar de forma más rápida, tenemos mayor resistencia y fuerza, y toleramos mejor el dolor. Los comportamientos asociados al miedo son de evitación, alejamiento, huida, agresividad, ira, atención focalizada, etcétera.

Pero no todo son buenas noticias. Las situaciones de peligro y angustia también producen reacciones de irritabilidad, aislamiento, sobreactivación, enmudecimiento, paralización, estrés, pérdida de control, reducción de los sentidos sensoriales, sesgos de percepción, y otras consecuencias que pueden tener impactos negativos en el organismo a corto y largo plazo (Frijda, 1986; Izard, 1993).

La finalidad de poseer este sistema de alarma neurocerebral es detectar amenazas y ataques violentos y pedir ayuda mediante el lenguaje no verbal.

Una expresión emocional universal

Las señales emocionales del miedo son universales. Se trata de reacciones que se han traspasado a lo largo de las generaciones de las especies para poder avisar de que hay una amenaza a la vista (Darwin, 1872).

Igual que el resto de expresiones faciales universales (alegría, tristeza, ira, asco, sorpresa, desprecio) que son consideradas emociones primarias (Ekman, 1992), el miedo tiene una configuración de los músculos faciales específica

El lenguaje no verbal del miedo

Además, existen otras respuestas fisiológicas y del lenguaje corporal como la huida, la disminución del espacio vital y la postura, gritos, tensión muscular elevada (incluso paralización), sudoración, y palidez de la piel debido a la redistribución del flujo sanguíneo a partes del cuerpo específicas. 

Pero, no es necesario que todos ellos aparezcan, ni si quiera todos los músculos que caracterizan al miedo. En algunos casos, dependiendo de la persona, la situación o la intensidad de la emoción, puede que solo sean visibles algunos de los indicadores no verbales. La boca y la zona de los ojos o cejas suelen ser los más fiables (expresión facial).

Lenguaje no verbal del Miedo

Los indicadores no verbales de la expresión facial de miedo son:

  • Elevación y contracción de las cejas  
  • Elevación del parpado superior
  • Estiramiento horizontal de los labios
  • Separación de los labios 
  • Tensión muscular
  • Postura corporal retraída
  • Sudoración, palidez, temblores

Conclusión

El sentido último del miedo es activar el instinto de protección gracias a los circuitos cerebrales preparados para ello. La expresión del miedo tiene lugar mediante reacciones psicofisiológicas (temblor, palidez, hiperactivación…), así como señales emocionales en el lenguaje corporal y la expresión facial. Todas estas reacciones son involuntarias e inconscientes. Por eso, son una fuente de información muy útil y fiable tanto para prevenir amenazas como para detectar mentiras

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